Filosofía pura y cerda. Porque la filosofía no es patrimonio de fumetas con barba ni colgaos que escuchan a Joaquín Sabina, ni mucho menos. Sin ir más lejos un campeón mundial de boxeo como Pedro Carrasco puede darnos una lección del buen uso del lenguaje y sus significados, comparando con mucha maestría a una mujer y un cerdo.
Si te para por la calle un encuestador calvo y te pregunta de súbito: ¿qué tipo de música hace Jose Ángel? Posiblemente tu calles como un idiota porque no sabrías responder. Lógico y normal, la música de Jose Ángel es indescriptible. Pero a través de estas patéticas líneas trataré de arrojar luz sobre lo que yo creo que transmite, aunque ya se sabe que las obras de los grandes artistas tienen múltiples interpretaciones.
La temática de la canción es abrumadora para la época: una inminente y clamorosa salida del armario. Pero lo interesante del caso es que nos paremos a repasar la psicología de la frase en cuestión: Madre, soy Cristiano Homosexual. En primer lugar nos encontramos la apelación al núcleo familiar para un gay: la madre. Luego confirma su existencia con un soy’para acto seguido anunciar su condición homosexual, ¡pero ojo! no se trata de un homosexual cualquiera, es un gay cristiano, y para que quede claro que él ante todo es persona ubica en primer lugar su condición de Cristiano. Y después es, no hay más que verlo, homosexual. Simplemente fantástico.
En cuanto al plano musical a Jose Ángel podríamos considerarlo como un semidios de la canción ligera. Su voz dulce y ligeramente aflautada, la composición musical parsimoniosa, una temática comprometida y protesta y esas apelaciones directas habladas al oyente, en las que, entre otras cosas, recuerda al oyente que los homosexuales no son hijos del infierno. Es imposible mejorar esto. También es importante prestar atención a la particular dicción de Jose Ángel cuando pronuncia palabras como homosessuah o inntención.
Pero para crear este triángulo mágico de composición musical tenemos el diseño de la portada de la cinta de cassette. Un artista bronceado como si hubiera nacido en alguna isla perdida del Caribe, la multicolor camisa hawaiana, calcetines de fantasía, la funda del sofá o el macetero estilo romano son más que suficientes para hacernos una idea de que estamos ante el hit más importante producido en España en los últimos trescientos años, por lo menos.
¡Qué mítica serie! ¡Qué profundo recuerdo nos dejo su ausencia! ¡Con que desconsuelo vivimos nuestras vidas! Y, es que señores, el pasado ya nunca volverá a nosotros ha no ser que decidamos volver a conectar el canal de nuestra nostalgia privada y nos brindémos una de sesión continúa. Han pasado ya muchos años desde que dejó de emitirse aquella extraña reconversión de los formatos norteamericanos al españolismo mas cañí y castizo que era Al salir de clase. Para todos aquellos que la sufristeis en vuestras carnes y para los liberados del psiquiátra por no conocerla, a vosotros os dedico estas líneas. Dejando el sarcasmo a un lado, si es que esto me fuera posible, debemos reconocer un mérito: buena parte de los actores y actrices que nutren el panorama interpretativo de este país a día de hoy salieron de esta serie, pongámos ejemplos: Pilar López de Ayala – a mi juicio, la mejor actriz de la serie -, Mariam Aguilera, Elsa Pataky – top one en todas las portadas masculinas, actuar no actúa mucho pero… -, Mariano Alameda, etc… por citar a algunos de una larguísima serie de nombres. Al salir de clase fue cantera indispensable de nuevos valores. Y algunos no tan jovenes puesto que el presenador Carlos Sobera, sin ir más lejos, también participó en esta teleserie.
Su horario de emisión era después de la hora de comer, a eso de las tres y media. Cada día, la televisión nos prestaba el marco para ser testigos de la vida de un grupo de jóvenes y sus circunstancias, era entretenido y olía a nuevo. La serie en sus primeras emisiones no estaba mal era entretenida – como decía – aunque al mismo tiempo un tanto irreal. Solo un detalle: las clases “reales” de un instituto estaban conformadas por doce o quince alumnos, pero ese porcentaje de mentira es normal en televisión, y más en teleseries. Pero lo interesante del asunto vino a medida que avanzaban los capítulos y la serie fue obteniendo una audiencia mayor. La degeneración tenia que pasar y pasó. Cada media tarde frente a los televisores de la cadena ex-mama chicho se aglutinaban cerca de tres millones y medio de espectadores, y eso es mucha pasta. Cuando hay que mantener un formato en antena y no se sabe como siempre queda el recurso de liar a todo el mundo con todo el mundo, hasta que solo queden libres los hermanos… No, pero la endogamía les habría restado audiencia así es tomaron el camino B: la divagación. Poco a poco, los guionistas fueron demostrándos que otra paranoia es posible, y que fuera como fuera, nos lo tragaríamos. Fue así como apareció en acción la oscura manipulación de una mano negra, todos aquellos personajes de supuesta adolescencia con barbas cerradas y patas de gallo para ellas, y, por supuesto, el mayor aporte de la afamada teleserie: el incansable espiritu empresarial de los protas. Estos, los protas, montaron: una radio, una televisión, dos bares – el mítico CBC, aún algunas cafeterías imitan el nombre -, un periódico, un grupo de música, una tienda de comics y video-juegos, un comic, etc… ¿Alguien da más? ¿Quién dijo qué los jóvenes no tenían iniciativa? Lo mejor de todo esto es que algunos padres creían que esto en la juventud era verídico, pensaban que se podía montar una empresa así como así. No sabia yo que la subvención a jóvenes empresarios era de un millon de euros por cabeza inquieta. A pesar de los absurdos entramados la serie seguía teniendo mucha audiencia. ¿Por qué? Quizás por rutina o por el hecho de que algunas de sus actrices estaba de muy buen ver. Yo siempre he presentado una clara inclinación por Leticia Dólera que también participó en la serie. Por lo que a mi respecta mis argumentos para dejarme llevar por este bodriazo eran estos básicamente: rutina, tias buenas y que aún no tenia Internet. Es muy probable que si rebuscamos en nuestras mentes aún queden vestigios de los rostros de sus actores, de alguna de las tramas internas de la serie o quizá algunas notas de la música de la sintonia. Fuese la serie mala o realmente pésima, forma parte ya de nuestro imaginario particular del absurdo televisivo… Ya, solo me queda deciros compañeros: ¿es qué no habeis aprendido nada de Al salir de clase? Levantate y crea algo, lo que sea mientras resulte fashion.
Durante algo más de tres años, con sus intermitencias, he estado escribiendo La falsa sonoridad de un espacio hueco. Un blog con pena y sin gloria que nunca tuvo ningún tipo de pretensión.
Con el tiempo pasó a llamarse Falsa Sonoridad 2.0 y ahora, en un delirio de ingenio pasa a llamarse Falsa Sonoridad 3.0.
En esta nueva etapa re-editaré viejos posts, además de lo de siempre, lo que se me ocurra y me guste. Prefiero no tener un tema fijo.